Perspectiva de género

Consideramos el género una construcción social que nos impone modelos preestablecidos de hombre o mujer; así, afecta nuestra manera de  expresarnos, percibirnos y sentir.  La correspondencia que se espera entre el sexo, la expresión de género, la identidad de género y el deseo sexual, también se nos impone a todas las personas, dirigiendonos hacia una unica forma de ser.  Con ello, se invisibiliza y estigmatiza aquellas formas de ser y desear que no encajan en esta norma.

En nuestra práctica atendemos aspectos de la vida personal que han sido influidos y dañados por la socialización de género;  malestares que derivan de la imposición de roles de género rígidos y de la desigualdades de género. Somos conscientes de cómo estos son el orígen de diferentes malestares de las personas que acuden a terapia. Por ello, apoyamos la pluralidad y planteamos la flexibilización del género, con el objetivo de poder habitar la vida más allá de los polos diferenciados de hombre-mujer, de modo que estos no sean equidistantes y excluyentes.

Perspectiva social

Formamos parte de un contexto que nos condiciona: el lugar en el que nacemos, la familia de la que formamos parte, la clase socioeconómica a la que pertenecemos, los procesos migratorios, el color de nuestra piel, los grupos en los que socializamos… Todos estos marcos estructurales dan forma a nuestras vivencias y oportunidades. A menudo, este condicionamiento puede ser limitador, doloroso o abusivo, se nos impone contra nuestra voluntad y puede generarnos malestar.

En la terapia contemplamos el sistema del que forma parte la persona, para  visibilizar lo que está generando malestar. Si tomamos conciencia de los elementos de nuestro entorno que nos limitan, podemos trabajar la manera de cambiarlos por otros que se adapten mejor a lo que queremos, y crear un marco más nutridor. De este modo, conectamos lo social y lo individual para alejarnos de planteamientos individualistas o patologizantes. Somos conscientes de que hay grandes condicionantes sociales que no podemos cambiar, pero sí podemos cambiar nuestra manera de relacionarnos con ellos.