Cómo cuidarte cuando llevas al enemigo dentro

Cuidarse es una capacidad escurridiza, que a menudo confundimos con cuidar nuestra imagen. Este término se utiliza como sinónimo de hacer dieta y ejercitar el cuerpo para hacerlo apto de ser visto y deseado, según unos cánones de belleza, para muchas, no sólo inalcanzables si no poco saludables. Esto acaba convirtiéndose en una trampa mental, cuando confundimos cuidarnos con exigirnos ser perfectas.

Así pues, ¿cómo convertir el acto de cuidarse a una misma en algo que sea realmente nutritivo y amoroso con nosotras?

Sucede a menudo que, cuando tratamos de conectarnos con nuestro estado interno, aparece una voz exigente y machacona que acaba volviendo un suplicio el acto de mirar hacia dentro. Esta misma voz exigente es la que trata de convencernos de que cuidarnos significa restringir nuestra dieta, hacer más deporte, depilarnos más regularmente y una larga lista de “deberías”.

Miles Johnston

Higiene mental

Un buen punto por el que empezar es observar y conocer las cosas que nos decimos. Frecuentemente nos hablamos como nunca hablaríamos a nuestras amistades, familiares o pareja. Parece que en nuestra mente viva una persona a la que caemos profundamente mal y cuyo único objetivo en la vida sea amargarnos la existencia.  Nos permitimos criticarnos duramente, insultarnos, ridiculizarnos, humillarnos… Si nuestra mente funciona como un abusador, en cualquier momento que nos encontremos a solas con nosotras mismas, querremos salir huyendo.

Paradójicamente, lo más útil que podemos hacer con nuestro crítico interno, es amigarnos con él. Esto no quiere decir que le demos la razón sino empezar a observarle con curiosidad. Cada crítico interno es distinto, con una voz y juicio propios. ¿En qué momentos se pone vuestro crítico a machacaros? ¿Qué os dice, de qué os acusa? Resulta muy útil cuando le percibimos, tomar nota de lo que nos está diciendo y de lo que estábamos haciendo cuando este se puso a hablar.

El momento estrella de mi crítico interno es cuando me pillo delante de un espejo de cuerpo entero. Si me detengo demasiado tiempo, empieza a decirme: estás gorda, qué asco de cuerpo, mira esa celulitis, por dios tengo una piel horrible, y una larga lista de terribles comentarios. Con cada frase, mi crítico se hace grande y yo me vuelvo más pequeñita y miserable. Tal era este machaque, que durante años decidí minimizar esas ocasiones: hasta que no pudiese desarrollar una visión amorosa de mi cuerpo, no quería exponerlo a ese acoso.

Para restarle poder al crítico interno hay que empezar a verlo como lo que es: una parte de nosotros mismos. No somos nosotras, es una mosca cojonera con un megáfono. A medida que aumenta nuestra conciencia sobre esta voz, podemos identificar nuestra parte abusada y castigada. ¿De qué suele acusarme el crítico interno? ¿Qué parte de mi está siendo machacada?

Combatir la crítica con el agradecimiento

Cuando tomé conciencia de la abusadora que llevaba dentro, empecé a pelearme con ella. Cada vez que me oía criticarme, una voz dentro de mi decía: “¿Cómo me puedo hablar así? Joder, estoy fatal, debería quererme más”. Esto sólo hacía que prolongar mi guerra interna y que quisiera salir huyendo de mí misma. ¿Cómo plantarle cara a este abusador sin generar más tensión y conflicto? Me resultó muy útil cambiar el lugar dónde ponía el foco.

El crítico interno está obsesionado con todo lo que no somos, todo lo que no logramos, lo que deberíamos hacer, y nos lo recuerda convenientemente 300 veces al día para que no nos olvidemos. Pero en este ejercicio penoso, obviamos lo que ya somos, lo que hemos logrado y olvidamos aquellas cosas que nos gustan de nosotros. Para combatir pacíficamente nuestro crítico interno, necesitamos devolvernos el reconocimiento que merecemos.

Pasamos muchas cosas por alto por estar centradas en lo que no tenemos y no somos. Al tener el foco puesto en el vacío que queremos llenar, en la persona que debemos ser, obviamos la amorosidad que nos rodea y nos sostiene cada día. No nos dejamos afectar por el mensaje inesperado de una persona a la apreciamos, o un gesto bondadoso de un extraño en el metro, menospreciamos lo bien que nos sienta esa vieja sudadera, lo rica que nos quedó la cena o el cajón de bragas que ordenamos… Cada día ganamos algunas batallas, perdemos otras, y a menudo solo registramos la sensación que nos dejan las derrotas.

¿Qué puedo agradecer de quién soy hoy? ¿Qué cosas me gustan de mí, qué cosas no cambiaría? Hay días en que el crítico interno está enfurecido y no te permite ver muchas cosas que te gusten de ti, pero por pequeña que sea, siempre hay alguna. Y en esos días, esa pequeña cosa sirve de ancla en medio de la tormenta mental: “Hoy sólo me gustan mis hombros, que son muy suaves” o bien “Hoy me reconozco que soy una persona en la que se puede confiar”. Y del mismo modo que con las críticas, escribir estos pequeños reconocimientos nos ayuda a registrarlos, a interiorizarlos, y poco a poco conectar con la abundancia.

Hacer algo que te de placer

Nuestro crítico interno suele estar enemistado con nuestra parte más tierna, más torpe, espontánea, que a veces hace cosas fuera de guión. Con su enemistad, nos aleja de nuestra parte más juguetona y disfrutona que tenemos dentro, porque la considera incorrecta y ridícula. En realidad, nuestro crítico interno tiene mucho miedo de que la gente descubra esta parte de nosotros. Por eso es importante que cuando nos dedicamos un rato de cuidado, realicemos alguna actividad que nos divierta, con la que nos lo pasamos bien, sin pretensión de que sea productiva o de que nos sirva para nada. Esto es una invitación de que vayas a buscar a esa criatura que eras, a la que le gustaba disfrazarse, o montar cabañas con colchones y sábanas, o pintar con muchísimos colores superpuestos, hacer esculturas de plastilina, pintarse la cara, cantar a grito pelado…

Sin duda, el crítico interno intentará boicotear tu divertimento o te tenderá trampas, tratando de convencerte de que aproveches tu tiempo de cuidado para cuidar de tu imagen, o hacer actividades socialmente valoradas. Si esto te sucede, te sugiero que te imagines cuando tenías 6,7,8 años y le preguntes si lo que propone tu crítico interno le apetece: “¿Te apetece que esta tarde de viernes, que tenemos dos horitas libres, nos pongamos a hacer abdominales media hora, luego nos depilemos las piernas y después nos leamos un artículo sobre cómo ser más productivo?”. Si tu parte juguetona no lo tiene muy claro, te sugiero que busques otra actividad que sugerirle.

Johnson Tang

 

Estos son algunos pasos que nos ayudan a cuidarnos mejor: dialogar con nuestras partes internas en conflicto, aprender a negociar con ellas nos permite vivir más tranquilas y tomar decisiones que estén en contacto con lo que de verdad necesitamos.